Juega el Betis, no Mel
Los verdiblancos, tras sumar cuatro victorias consecutivas con Merino, examinan su estado de salud con nuevo entrenador
El madrileño mantendrá la base del exitoso equipo del linense
Javier Mérida | Actualizado 04.01.2015 - 06:34
Si reza el refrán popular que "año nuevo, vida nueva", querrá el Betis que éste no se cumpla esta atardecida en Santo Domingo y que todo transcurra según los últimos designios que dejó para su equipo el recién aparcado 2014. Hay novedades porque en el banquillo verdiblanco se sentará por primera vez el añorado Pepe Mel, quien regresa trece meses después de la caprichosa destitución que sufrió -él, el beticismo y, por ende, el mismísimo Betis- a manos del nefando Bosch, seguramente el personaje que más daño ha hecho al enjambre heliopolitano en el último lustro. Pero, claro, no desea el aficionado que vive abrazado a la fe de trece barras que las novedades se extiendan a la cuenta de resultados, pues está despidió el año con una inmaculada serie de cuatro victorias consecutivas, las que logró bajo la batuta de Juan Merino, un hombre al que el Betis siempre le tendrá que agradecer el éxito de esta empresa, si es que llega a buen puerto.
Lógicamente, a Mel no se lo ha puesto nada fácil. No sólo porque el listón se lo haya dejado muy alto pese a que exista quien haya cuestionado los métodos empleados, sino porque la presión que las cuatro victorias arrojan sobre el madrileño es infinita. El camino lo fían largo, tanto como que restan aún tres jornadas para el final de la primera vuelta y la segunda completa, 24 partidos en total, 72 puntos en liza y la posibilidad de tener no un pinchazo sino varios, máxime una vez vista la mediocridad existente en una categoría ya mediocre de por sí.
Pero no puede cometer un traspié hoy el Betis. Sí dentro de una semana o, quizá, de dos, pero no ganar hoy en el Santo Domingo abriría la espita de la crítica más mordaz -y también de la sibilina- a ese clan de oportunistas agazapados que más que la conveniencia o no de cambiar de entrenador en tal estado de las cosas rezuman mala baba y bilis de hígado y hasta de otros órganos vitales sólo porque el elegido haya sido Pepe Mel.
Sueña extraño que el hombre que colaboró en el último ascenso, que participó en la aventura europea del Betis y al que luego ningunearon en la planificación e incluso desterraron hasta cavar la tumba del equipo, tenga enemigos dentro de la entidad y en el entorno, pero nadie cuenta con el fervor unánime y ni Mel iba a ser una excepción, sobre todo por ésos que se quieren más a sí mismo y a su postureo que al propio Betis por mucho que se empeñen en disimularlo y aparentar lo contrario.
Pero el técnico madrileño sabe de sobra en qué club ha vuelto a aterrizar y no va a dejarse amilanar por esa pandilla de rancios que incluso desea su fracaso por encima del bien común. Son muchos más los que caminan de su lado y los que son conscientes de que no salir victorioso hoy de Santo Domingo no debe significar más que un partido perdido en la singladura del Betis. Otra cosa es que la contaminación emponzoñe el ambiente hasta hacerlo irrespirable, de ahí la importancia de al menos no perder y, sobre todo, que se vea una imagen de equipo que sabe a qué juega y que quiera mandar en los partidos para navegar por la categoría con autoridad a poco que los resultados vayan acompañando. Porque a Julio Velázquez, resultados al margen, lo sacó del Betis la indefinición de éste en el juego y a Merino, amén de su inexperiencia y su interinidad, que el equipo no ofrecía garantías a los rectores por su fútbol pese a una cuenta impoluta de resultados. Por supuesto que en el caso del linense habría mucho que debatir.
Tanto es así que Mel va a dar continuidad a gran parte del trabajo de su antecesor, de quien ya dijo nada más tomar posesión de la vara de mando que estará a su lado celebrando el ascenso si se consigue. Tan alta estima le aguarda el madrileño a Merino que podría darse el caso de que hoy se estrene en Alcorcón con un once inicial calcado al que venció en la despedida del año al Racing. Sólo haría falta que Piccini y Reyes oficiasen como titulares, aunque si regresasen los aquel día sancionados Molinero y Xavi Torres nos encontraríamos con el once inicial que el técnico gaditano confeccionó una semana antes en Lugo.
Total, que los cambios, en principio, habrá que buscarlos más en la idea de juego que en los propios futbolistas, algo comprensible además porque las cosas han salido bien y porque Mel es partidario de que los futbolistas le entreguen la camiseta con sus malas actuaciones que de sacarlos del once por gusto o por ideas propias que, lógicamente, él tendrá y serán distintas a las de cualquier otro.
Por lo visto en los entrenamientos y por lo comentado por algún futbolista públicamente, el técnico de Hortaleza pretende que su equipo sea algo más protagonista en los partidos, es decir, que juegue más en función de él mismo que de lo que le proponga el rival de turno: que tenga más el balón, que lo utilice para atacar y no para especular y que, cuando el adversario lo tenga en terreno propio, vaya a esa zona a buscarlo para presionar con fe. Nada distinto a lo que predicaba en su anterior etapa pero que exige un compromiso y un estado físico generosos para acometerlo.
El Alcorcón no es un rival asequible. Llevaba siete partidos sin conocer la derrota, en una racha que incluía cuatro triunfos, hasta que en la última jornada cayó en El Molinón frente al Sporting por un ajustado 2-1. El equipo que dirige Pepe Bordalás, uno de los entrenadores más competentes de la categoría, se halla en una posición cómoda a dos puntos de la promoción, la meta a la que sin duda aspira. Para consuelo verdiblanco, que en Santo Domingo ha perdido ante Girona, Valladolid y Zaragoza, los equipos mejor clasificados, y fuera ante Las Palmas, amén de los sportinguistas, señal de que no le van los grandes.
Eso sí, se mostrará como un cuadro intenso de salida, sólido en todas sus líneas y ofensivo, ya que rara vez se queda sin marcar. Enfrente tendrá a un Betis que tratará de ser exactamente lo mismo para que la mejor calidad de sus futbolistas, sobre todo en el ataque, desnivele la balanza. Es la idea de Mel, quien pareciera que juega hoy en vez de su equipo.
Juega el Betis, no Mel
Los verdiblancos, tras sumar cuatro victorias consecutivas con Merino, examinan su estado de salud con nuevo entrenador
El madrileño mantendrá la base del exitoso equipo del linense
Javier Mérida | Actualizado 04.01.2015 - 06:34
Si reza el refrán popular que "año nuevo, vida nueva", querrá el Betis que éste no se cumpla esta atardecida en Santo Domingo y que todo transcurra según los últimos designios que dejó para su equipo el recién aparcado 2014. Hay novedades porque en el banquillo verdiblanco se sentará por primera vez el añorado Pepe Mel, quien regresa trece meses después de la caprichosa destitución que sufrió -él, el beticismo y, por ende, el mismísimo Betis- a manos del nefando Bosch, seguramente el personaje que más daño ha hecho al enjambre heliopolitano en el último lustro. Pero, claro, no desea el aficionado que vive abrazado a la fe de trece barras que las novedades se extiendan a la cuenta de resultados, pues está despidió el año con una inmaculada serie de cuatro victorias consecutivas, las que logró bajo la batuta de Juan Merino, un hombre al que el Betis siempre le tendrá que agradecer el éxito de esta empresa, si es que llega a buen puerto.
Lógicamente, a Mel no se lo ha puesto nada fácil. No sólo porque el listón se lo haya dejado muy alto pese a que exista quien haya cuestionado los métodos empleados, sino porque la presión que las cuatro victorias arrojan sobre el madrileño es infinita. El camino lo fían largo, tanto como que restan aún tres jornadas para el final de la primera vuelta y la segunda completa, 24 partidos en total, 72 puntos en liza y la posibilidad de tener no un pinchazo sino varios, máxime una vez vista la mediocridad existente en una categoría ya mediocre de por sí.
Pero no puede cometer un traspié hoy el Betis. Sí dentro de una semana o, quizá, de dos, pero no ganar hoy en el Santo Domingo abriría la espita de la crítica más mordaz -y también de la sibilina- a ese clan de oportunistas agazapados que más que la conveniencia o no de cambiar de entrenador en tal estado de las cosas rezuman mala baba y bilis de hígado y hasta de otros órganos vitales sólo porque el elegido haya sido Pepe Mel.
Sueña extraño que el hombre que colaboró en el último ascenso, que participó en la aventura europea del Betis y al que luego ningunearon en la planificación e incluso desterraron hasta cavar la tumba del equipo, tenga enemigos dentro de la entidad y en el entorno, pero nadie cuenta con el fervor unánime y ni Mel iba a ser una excepción, sobre todo por ésos que se quieren más a sí mismo y a su postureo que al propio Betis por mucho que se empeñen en disimularlo y aparentar lo contrario.
Pero el técnico madrileño sabe de sobra en qué club ha vuelto a aterrizar y no va a dejarse amilanar por esa pandilla de rancios que incluso desea su fracaso por encima del bien común. Son muchos más los que caminan de su lado y los que son conscientes de que no salir victorioso hoy de Santo Domingo no debe significar más que un partido perdido en la singladura del Betis. Otra cosa es que la contaminación emponzoñe el ambiente hasta hacerlo irrespirable, de ahí la importancia de al menos no perder y, sobre todo, que se vea una imagen de equipo que sabe a qué juega y que quiera mandar en los partidos para navegar por la categoría con autoridad a poco que los resultados vayan acompañando. Porque a Julio Velázquez, resultados al margen, lo sacó del Betis la indefinición de éste en el juego y a Merino, amén de su inexperiencia y su interinidad, que el equipo no ofrecía garantías a los rectores por su fútbol pese a una cuenta impoluta de resultados. Por supuesto que en el caso del linense habría mucho que debatir.
Tanto es así que Mel va a dar continuidad a gran parte del trabajo de su antecesor, de quien ya dijo nada más tomar posesión de la vara de mando que estará a su lado celebrando el ascenso si se consigue. Tan alta estima le aguarda el madrileño a Merino que podría darse el caso de que hoy se estrene en Alcorcón con un once inicial calcado al que venció en la despedida del año al Racing. Sólo haría falta que Piccini y Reyes oficiasen como titulares, aunque si regresasen los aquel día sancionados Molinero y Xavi Torres nos encontraríamos con el once inicial que el técnico gaditano confeccionó una semana antes en Lugo.
Total, que los cambios, en principio, habrá que buscarlos más en la idea de juego que en los propios futbolistas, algo comprensible además porque las cosas han salido bien y porque Mel es partidario de que los futbolistas le entreguen la camiseta con sus malas actuaciones que de sacarlos del once por gusto o por ideas propias que, lógicamente, él tendrá y serán distintas a las de cualquier otro.
Por lo visto en los entrenamientos y por lo comentado por algún futbolista públicamente, el técnico de Hortaleza pretende que su equipo sea algo más protagonista en los partidos, es decir, que juegue más en función de él mismo que de lo que le proponga el rival de turno: que tenga más el balón, que lo utilice para atacar y no para especular y que, cuando el adversario lo tenga en terreno propio, vaya a esa zona a buscarlo para presionar con fe. Nada distinto a lo que predicaba en su anterior etapa pero que exige un compromiso y un estado físico generosos para acometerlo.
El Alcorcón no es un rival asequible. Llevaba siete partidos sin conocer la derrota, en una racha que incluía cuatro triunfos, hasta que en la última jornada cayó en El Molinón frente al Sporting por un ajustado 2-1. El equipo que dirige Pepe Bordalás, uno de los entrenadores más competentes de la categoría, se halla en una posición cómoda a dos puntos de la promoción, la meta a la que sin duda aspira. Para consuelo verdiblanco, que en Santo Domingo ha perdido ante Girona, Valladolid y Zaragoza, los equipos mejor clasificados, y fuera ante Las Palmas, amén de los sportinguistas, señal de que no le van los grandes.
Eso sí, se mostrará como un cuadro intenso de salida, sólido en todas sus líneas y ofensivo, ya que rara vez se queda sin marcar. Enfrente tendrá a un Betis que tratará de ser exactamente lo mismo para que la mejor calidad de sus futbolistas, sobre todo en el ataque, desnivele la balanza. Es la idea de Mel, quien pareciera que juega hoy en vez de su equipo.
Juega el Betis, no Mel
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